Ojalá todo volviera a ser como antes. Echo de menos esos tiempos en los que vomitaba 5 veces al día y pesaba 54 kilos. Puede que este enferma, pero prefiero ser bulímica a estar como estoy ahora. Vale, ya casi nunca vomito, pero ¿a qué precio? Sigo con mis malditos atracones y como no vomito he engordado muchísimo. Debo de andar por los 59-60 kilos (o puede que algo más) y me han salido michelines y barriga. Me siento como una mierda, pero sigo comiendo y comiendo durante todo el día sin dar tregua a mi estómago? Nunca estaré lo suficientemente obsesionada como para dejar de comer. Me sigo engañando y prometiendo no picar entre horas, no comer pan, no merendar ni almorzar… y sigo creyéndome mis propias mentiras y cayendo en la tentación, en palabras de Vetusta Morla <>. Todo esto es más simple de lo que parece, si quiero adelgazar solo tengo que dejar de comer. Suena muy fácil pero sé que a la hora de la verdad todo se complica y me encuentro en una lucha interna: mi conciencia contra mis instintos. ¿Cómo voy a enfrentarme al mundo si ni siquiera tengo fuerzas para pelear contra mi misma?






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