Hoy mi padre me había puesto en la mesa dos tostadas pequeñas y un tazón vacío para que me echara la leche del desayuno. Obviamente he guardado el tazón y me he preparado una taza de té rojo; respecto a las tostadas aunque eran pequeñas (las dos abultaban como una rebanada grande de pan molde) me he sentido incapaz de comerme las dos y después de dar un mordisco a la segunda la he tirado y he cogido una manzana y otra más para llevarme al instituto. A última hora me he mareado y tenido que ir al baño a mojarme la cara. Al volver me han dicho que si me encontraba bien y una amiga me a preguntado <<¿Pero comes bien en casa?>>. Me he quedado flipada, me lo dice precisamente ella que el curso pasado adelgazó mucho (esa amiga mía de la que ya os he hablado: S ) y ahora como poco para no engordar (o puede que eso solo lo vea yo porque estoy demasiado obsesionada). Al tocar el timbre y recoger estas me dicen que se me estan quedando muy flacas las piernas, y yo callada y mirando para otro lado. Vale que esté adelgazando, no lo puedo negar porque se me nota, pero no es lo mismo adelgazar que estar delgada. Una obesa de 150 kilos aunque baje 20 seguirá estando gorda. Yo igual, todavía no estoy lo suficientemente delgada para poder/querer parar. En fin, ellas no entienden nada...


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