Una pequeña parte de ella era consciente de su autodestrucción, pero a estas alturas había perdido totalmente el control. Vivía por y para su obsesión, sin importarle lo más mínimo las consecuencias y sabiendo que cuando quisiera parar sería demasiado tarde.

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miércoles, 10 de febrero de 2010

¡Despierta!

Entonces la princesa cerró los ojos y dejó volar su imaginación.

Un príncipe azul venía montando en su caballo blanco y rompía la puerta de la torre para subir las mil escaleras hasta su habitación. Una vez allí la cogía en brazos y escapaban juntos teniendo la certeza de que siempre serían felices.

En ese momento despertó de su ensoñación. ¿A quién pretendía engañar? Ella no quería que nadie la rescatase, le tenía demasiado miedo al mundo real. No quería que las demás personas al juzgasen por haber estado en cerrada en la torre, que murmurasen a sus espaldas, que pensaran que estaba loca. Su mundo se reducía a esas cuatro paredes y deseaba que nunca cambiase. Suerte que la princesa no tenía claustrofobia, si no todo habría sido diferente.


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